Allá en la montaña
                            

Allá en la montaña alta
donde no hay árboles
y las casuchas albergan
solo gente muy pobre
mi madre despierta
aterida de frío
y se pincha el brazo
para espantar el hambre
con una aguja promiscua.

En los tiempos pasados
desangrarse
era una buena costumbre
eran tiempos muy buenos
de grandes vestidos
y comida abundante.

En la alta montaña
el viento es muy cruel
no hay elemento que
acaso resista
y luego las lluvias
inundan con lodo
que arrastra y ensucia
lo más vigoroso.

No hay arredro en el
pueblo de la alta montaña
mi madre lo sabe
y todas las noches
cuando el frío arrecia
y llega el sereno
ella baja a la tumba
de su amado esposo
y le pide a Dios
en su lengua materna
que les proteja del frío.

Las gentes son pobres
pero aún olvidados
de la mano de Dios
conservan sus ritos
alegrías y costumbres,
hablan en Náhuatl
y a todos sus muertos
los entierran en cuevas
para protegerlos del frío.

 

 

Edgar Altamirano