Los muertos de Barcelona     


Los muertos de Barcelona
no tienen cabeza; los pies
les han sido arrancados;
los fantasmas recorren los huesos
de la plaza; el barrio gótico
se llena de misioneros
que fuman; las prostitutas
del barrio chino desayunan solas.

Barcelona vive a espaldas del
mar mediterráneo; un hombrecillo
entra solitario en el bar de Elías;
pide un café solo; una damisela,
suave como las olas tranquilas
del mar, lo mira de reojo.

Los muertos de Barcelona
no tienen pies; los habitantes,
los verdaderos habitantes
viven en los subterráneos;
el metro es un sitio calmado,
donde la gente fuma puros
y el olor a muerte
se confunde con humo.

Los muertos de Barcelona
fueron decapitados estando de pie;
luego ellos han hecho el esfuerzo
de caminar doce pasos.

El poeta de la Ciudad
se arrojó de la Sagrada Familia
un día con lluvia, después
entró en el bar de Picasso
ordenó un café expreso, solo
y sentado en la terraza
miraba la lluvia.

Los muertos no viven, no hablan,
no se cambian de ropa;
sus cuerpos se deshacen
o son comidos por gusanos
y no tienen piel, tampoco aman.

Pero los ves, en la ciudad
caminando pacíficos
son como fantasmas vivos
y los habitantes, a veces
muy de vez en cuando,
se detienen, y charlan con ellos.

 

 

Edgar Altamirano