Los decapitados    


Esta noche en el bar
de los decapitados
un borracho ordenó
un café irlandés;
los decapitados
no suelen hablar
entran como sombras
en busca de un sitio tranquilo;
pasan y buscan el diario
del día, hacen una seña
y caminan adentro;
los decapitados no
suelen reír, no tienen dientes
ni cráneo, en lugar de cabeza
utilizan un sombrero
de color oscuro
los decapitados no miran,
no tienen ojos, no desean las mujeres
de nadie, pero hay una emoción oscura
en sus ropas, que les mueve los músculos
los decapitados aún tienen pene,
y se nota, pero no hay un deseo
tal vez una mujer sola,
o alguna prostituta harapienta
intentará tocar esos cuerpos;
los decapitados no tienen alma
toman sus bebidas sombríos
esconden la piel desgarrada
y viva, bajo un cuello alto;
cuando salen del bar lo hacen
callados, como si tuvieran frío
aún en verano
salen del sitio, pero vuelven
siempre vuelven; el borracho
no lo hace, los alcoholizados no
regresan, ellos solo
van en pos de una mujer,
que les calme la pena,
y a veces, tambaleándose,
van en busca de los barrios de putas.

 

 

Edgar Altamirano