Nueve horas
                            

 

Asistimos el lunes a la presentación de un libro-
catálogo sobre el pintor Javier Mariano en
Ciudad Altamirano;
para llegar allí nos detuvimos en la gran cabezota;
y tomé una fotografía de mi pequeño cacharro
mientras mis amigos se bebían la botella de
mezcal a un lado del camino.
En la casa de la cultura de la cabecera municipal
de Pungarabato,
había alrededor de cincuenta personalidades
destacadas en el ámbito cultural o familiar
o de amistad del pintor,
entonces comenzaron las adulaciones y los
agradécete que yo te agradeceré,
servían vino barato pero estuvo bien por el
calor enardecido del pueblecito calentano
cuando me llegó mi turno para hablar,
solo dije estupideces, levanté la vista y
solo ví frente a mí caras agrias y rostros
de desaprobación, entonces cambié un
poco el discurso pero el mal estaba hecho;
pensé mejor tomar otro vaso de vino y
olvidarme del micrófono o decir usted
disculpe, de todos modos ya cumplí
y el cuarto de hotel ya había sido pagado
por el ayuntamiento,
luego el pintor agradeció como dios manda
y dijo estoy muy emocionado,
gracias por todo, organicé esta mierda
para luego decir gracias por todo,
como mis palabras fueron el inicio de
la cancelación de atenciones,
bebimos mas vino y salimos en
busca de comida.
En la madrugada salí a correr como un loco
para espantar las amibas,
casi lo consigo
pero descubrí un pueblo aledaño
pasando el río Balsas;
regresamos a la presentación de una
selección de pinturas,
donde afortunadamente nadie
volvió a pedirme que hablara,
así que el siguiente plan fue perdernos,
conocer el pueblo y tomar un poco
de aguardiente
comprar unos sombreros de palma
pan de horno y tomar otras
fotografías del gran cabezota,
realizamos algunas otras visitas
y retornamos a casa
en ese viaje de nueve horas
en el viejo cacharro,
tragando cacahuetes y
bebiendo cerveza.

 

 

 

 

 

Edgar Altamirano