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intento escribir un poema, no
importa que tonterías esté escuchando
el ruido de la gente que
grita
esposas inconsolables
albañiles colando losas
y todo ese ensordecedor
ánimo
de la vida cotidiana;
por eso nos fuimos a vivir
a los suburbios
pero el ruido se fue
también con
nosotros
y ahora tenemos
el estrafalario sonido
corriente
de la radio
el sonido de la lavadora
haciendo su trabajo
esposas de mal humor
llamándole ruido a todo lo
que no
es su propio ruido
peones insertando clavos
niños gritando
el único sonido tolerable
proviene de una mujer
borracha que grita en la calle.
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Edgar Altamirano |
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